Continúa la polémica acerca del “arte de apropiación”

El límite entre la inspiración y el plagio suele estar determinado por un línea muy delgada en el arte. A lo largo de la historia, muchos artistas han tomado el trabajo de sus predecesores para elaborar sobre él, mejorarlo o transformarlo. En la actualidad, con la masificación del uso de los teléfonos móviles y las cámaras digitales, la producción fotográfica disponible en internet, fundamentalmente en las redes sociales, ha alcanzado niveles inimaginables pocos años atrás.

Es en este contexto en el que Richard Prince se ha insertado en el centro del debate. Este reconocido artista estadounidense basa sus obras en tomar fotografías que los usuarios de redes sociales, en particular Instagram, suben a esta plataforma, para modificarlas, expandirlas y promoverlas en galerías de arte. Sus trabajos se venden por miles de dólares, de los cuales su autor original no recibe un solo centavo.

Si bien Prince manifiesta alterar el sentido de las imágenes y dotarlas de un nuevo mensaje, en muchos casos esta “alteración” resulta muy difícil de detectar. Es por esto que los principales diarios del mundo, como el Washington Post, han dado cada vez más notoriedad a los casos de apropiación en los que el artista se ha visto involucrado. Sin dudas el más resonante de ellos fue el que hizo estallar la polémica con el sitio “Suicide Girls”, en el que modelos femeninas de diferentes partes del mundo, en particular con estéticas alternativas, suben sus álbumes de fotos personales; luego de que una mera reproducción de una imagen del sitio fuera vendida por la suma de 90 mil dólares, sus dueños no evitaron manifestar sus reclamos por todos los medios posibles.

No obstante, pese al esfuerzo de muchas de sus víctimas y de organizaciones sin fines de lucro dedicadas a la protección de datos personales en línea, como la EFF, todos los intentos por detener a Prince no han dado resultados hasta el momento.

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