Entre los fotógrafos más famosos que continúan vigentes en la actualidad, Annie Leibovitz es sin dudas un nombre que podría ser reconocido incluso por personas no interesadas por el arte, o en todo caso, al menos lo serían muchas de sus obras. Su contacto con el mundo de las celebridades a través de su trabajo en las revistas “Vanity Fair” y “Rolling Stone”, ha permitido que su obra trascienda todas las barreras y se haya convertido en un ícono de la cultura popular.

Nacida en Waterbury en 1949, esta fotógrafa estadounidense lanzó su carrera en el mundo de la fotografía a comienzo de los años ’70, cuando luego de terminar su licenciatura en arte en el San Francisco Art Institute ingresó a trabajar en “Rolling Stone”. Entre sus trabajos más destacados de este período, se cuenta su participación en la gira de los Rolling Stones por Norteamérica en 1975, con la que logró retratar el día a día del grupo de rock inglés, y la vida de excesos y emociones de un “show business” que comenzaba a hacerse cada vez más masivo.

La popularidad de Leibovitz no se debe únicamente a la fama de los personajes a los que inmortaliza a través de su trabajo fotográfico. Su estilo logra transmitir intimidad, permite conocer a la persona más allá de la figura pública, sus pensamientos y su estado de ánimo. Esta conexión particular de los retratados con el ojo de la fotógrafa la ha convertido en parte inseparable de la consolidación de las estrellas en ascenso como parte del panteón de los artistas, un paso a un reconocimiento mundial que desafía los límites del tiempo y el éxito circunstancial.

En las últimas dos décadas, Leibovitz ha incursionado también en el campo de la fotografía documental. Sin embargo, estos aportes no han recibido la misma aclamación que su trabajo con celebridades.