Francia ha aportado innumerables exponentes del mundo de las artes, y la fotografía no es una excepción. Nacido a comienzos del siglo XX, Henri Cartier-Bresson fue quizás el fotógrafo más importante de la historia, por lo significativo de sus aportes a las distintas ramas de la disciplina.

La técnica del “momento decisivo” sentó las bases del fotoperiodismo e inspiró el trabajo de cientos de fotógrafos que han logrado llevar a los hogares los eventos más trascendentes. Su capacidad para tomar fotografías sin ser detectado le permitía seleccionar un escenario sin alterarlo, y esperar el tiempo necesario hasta que ese “momento decisivo” se desarrollara para poder retratarlo a la perfección. La inmediatez de la fotografía actual y la capacidad de almacenamiento prácticamente ilimitado de las cámaras digitales, ha convertido al estilo de Cartier-Bresson en una especie en extinción.

Trabajó en film de 35 mm en blanco y negro, inicialmente poniendo un particular énfasis en el estudio de la condición humana, pero luego incluyendo la interacción de los individuos con el marco como parte de sus composiciones. Su actividad política, caracterizada por la militancia comunista desde mediados de la década del ’30, determinó un giro en el objeto de sus retratos. Como parte de diferentes colectivos de artistas de izquierda, buscó transmitir sus valores políticos a través de un fuerte impacto visual en sus representaciones de la realidad cotidiana.

Luego del fin de la Segunda Guerra Mundial, Cartier-Bresson fundó la agencia Magnum junto con algunos de su compañeros de actividad política y artística, como Robert Capa. Con un fuerte compromiso social, se dedicó a exponer al mundo las consecuencias de los conflictos sobre los más débiles. En particular, aquellos que tuvieron lugar en Asia, como el histórico enfrentamiento entre India y Pakistán por la región de Cachemira, además de las atrocidades cometidas en Birmania, fueron los que caracterizaron su obra.