La fotografía dio un gran salto de popularidad en los últimos años con la llegada de los teléfonos inteligentes y cámaras cada vez más sofisticadas. Sin embargo, su origen se remonta a los comienzos del siglo XIX, cuando los inventores lograron finalmente poder preservar en elementos perdurables las imágenes proyectadas por la luz.

Antecedentes

El punto de partida del funcionamiento de la cámara fotográfica es aún anterior. El surgimiento de la “camera obscura” (de cámara oscura en latín), un recinto cerrado a oscuras con un pequeño orificio para el ingreso de la luz, se basaba en nociones elementales de la óptica. La luz que penetraba en la cámara por medio del orificio proyectaba una imagen del exterior sobre alguna superficie, en forma invertida, que los artistas del Renacimiento emplearon para bosquejar muchas de sus obras.

Las primeras reproducciones

El salto al desarrollo de la fotografía se daría en las primeras décadas del siglo XIX, cuando dos inventores franceses, Niépce y Daguerre, lograron fijar las primeras imágenes captadas por un dispositivo similar a una cámara oscura. En ambos casos, se lograba obtener una imagen sobre una placa metálica a través del uso de químicos fotosensibles. El principal problema de ambas técnicas, la heliografía y el daguerrotipo, residía en los largos tiempos de exposición requeridos por el medio sensible a la luz para fijar la imagen, que podía alcanzar las ocho horas.

La revolución de las placas secas

La consolidación de la fotografía moderna tiene lugar a partir de la aparición de las primeras placas secas de gelatina y sales de plata en 1871. Estas placas altamente sensibles debían exponerse durante menos de un minuto, y eliminaron la necesidad de contar con un cuarto oscuro para el revelado inmediato y el uso del trípode. Fue el punto de partida para la aparición de las primeras cámaras portátiles y el uso masivo de la fotografía como medio artístico y periodístico.