La fotografía de larga exposición consiste en tomar fotos utilizando una velocidad de obturación de larga duración. El efecto que se logra de esta forma es capturar imágenes en las que los elementos estáticos del entorno están representados nítidamente, mientras que los objetos dinámicos se muestran difusos y dispersos. Habitualmente, esta técnica se utiliza para retratar paisajes y en la observación del cielo nocturno, para capturar el movimiento de las estrellas.

Elementos necesarios

Dado que el tiempo de exposición para la imagen es muy largo, este tipo de fotografías no pueden tomarse a mano, sino que es necesario disponer de un trípode que mantenga estable el dispositivo. Además, puede emplearse opcionalmente un filtro de densidad neutra, que tiene como función mantener el tono del color sin alteraciones durante el proceso. Puesto que el obturador permanece abierto durante largos períodos con esta técnica, los colores tienden a la sobre-exposición.

Fotografía nocturna

Un uso habitual para la técnica es la captura de imágenes en condiciones de muy baja luz, durante las primeras horas de la mañana o al atardecer. Para estos casos, es recomendable el uso de aperturas focales inicialmente pequeñas e ir incrementando a aperturas mayores al disminuir la cantidad de luz disponible. El proceso requiere de prueba y error, no solo con respecto a la apertura focal sino también a los tiempos de exposición, para retratar el objeto de interés en la forma deseada.

Planificación

Una parte importante del empleo de esta técnica es la visualización del escenario y la planificación del encuadre. Es necesario considerar de qué manera van a desplazarse los diferentes elementos en escena, y su movimiento relativo a los componentes estáticos de la composición. De esta manera, el fotógrafo puede prever en forma estimada la configuración óptima para su cámara de forma tal de obtener la imagen deseada.