La venta de la fotografía más cara del mundo

Las noticias sobre subastas y adquisiciones de obras de arte siempre llaman la atención, tanto a quienes están inmersos en el mundo del arte y sus negocios, como a las personas con inquietudes culturales, o simplemente a quienes se sorprenden por los elevadísimos precios que se pagan por cada una de ellas. La fotografía no constituye una excepción a este fenómeno de tasaciones y compras por millones de dólares, pese a que las ventas de impresiones suelen tener una menor difusión que las pinturas o esculturas.

“Rhein II”, de Andreas Gursky, ha saltado a la notoriedad por tratarse de una de las fotografías de mayor valor en la actualidad, si se consideran las operaciones públicas de subasta. La imagen, que exhibe la vista de un paisaje frente al río, fue adquirida por una suma superior a los 4 millones de dólares. El fotógrafo, -que es el más cotizado de la actualidad-, se caracteriza por representar sus composiciones de una manera rupturista, sin respetar los cánones de la disciplina, y por el limitadísimo número de impresiones que pone a la venta. “Rhein II” es simplemente su trabajo más valioso, entre otros previos que también rompieron récords en las galerías de arte, como “99 cent”, una foto de los estantes de un supermercado.

Pero, ¿puede solo el valor de una obra definir su importancia? En el caso de la fotografía, este límite se hace todavía menos claro. La fotografía busca representar la realidad, y en muchos casos tanto el evento retratado como su encuadre artístico logran trascender y tener efectos resonantes en la sociedad. En el caso de Gursky, su finalidad no tiene que ver con el transmitir un contenido político o social, sino con la experimentación en el tratamiento del color en el arte digital a través de la producción de gigantografías.

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